El Servicio de Nutrición del Hospital Universitario Austral estima que, en Argentina, 4 de cada 10 personas presentan niveles de vitamina D por debajo de lo recomendable. Es una cifra que se repite mucho, y conviene leerla con cuidado: cifras como esa dependen del umbral que se use para definir "bajo", y ese umbral es justamente lo que cambió en los últimos años.

Actualización 2026. En 2024 la Endocrine Society publicó una nueva guía sobre vitamina D que reemplaza expresamente a la de 2011. Ya no sostiene los puntos de corte de 20 y 30 ng/mL que se popularizaron a partir de aquella versión, ni recomienda medir 25-OH-D de rutina en adultos sanos. Este artículo fue reescrito para reflejar ese cambio.

Más que "la vitamina del sol y los huesos"

La vitamina D funciona en el organismo más como una hormona que como una vitamina clásica: prácticamente todos los tejidos tienen receptores para ella. Además de regular la absorción de calcio y fósforo (su rol más conocido), participa en la modulación del sistema inmunológico y en la función muscular (Holick, 2007). Que existan receptores en muchos tejidos, sin embargo, no equivale a que suplementar mejore todas esas funciones: esa distinción —entre lo que se observa en estudios de asociación y lo que se confirma en ensayos clínicos— está en el centro de la revisión de 2024.

Qué cambió con la guía de 2024

La guía de 2011 estaba pensada para evaluar y tratar la deficiencia de vitamina D, y fue la que instaló las categorías que todavía usan muchos laboratorios: deficiencia por debajo de 20 ng/mL, insuficiencia por debajo de 30. La guía de 2024 se planteó una pregunta distinta: en personas generalmente sanas, ¿sirve suplementar o medir vitamina D para prevenir enfermedades? Sus conclusiones principales (Demay et al., 2024):

  • La Endocrine Society dejó de respaldar los puntos de corte de 2011. Retiró el aval a las definiciones de "suficiencia" e "insuficiencia" de aquella guía y no propuso reemplazos: no hay un nivel objetivo de 25-OH-D establecido para prevenir enfermedad.
  • Sugiere no medir 25-OH-D de rutina en las poblaciones que analizó —incluidas personas con obesidad o piel oscura— porque no hay ensayos clínicos que muestren que hacerlo mejore resultados de salud.
  • Sugiere no suplementar por encima de las ingestas recomendadas (600-800 UI/día) en adultos sanos menores de 75 años.
  • Sí sugiere suplementación empírica —sin medir— en cuatro grupos: niños y adolescentes de 1 a 18 años, adultos de 75 años o más, personas embarazadas, y personas con prediabetes de alto riesgo.

Hay un límite importante que la propia guía aclara y que suele perderse en los titulares: estas recomendaciones no aplican a personas con una indicación médica establecida para medir o tratar vitamina D. La guía es sobre prevención en gente sana, no sobre qué hacer frente a un cuadro clínico concreto.

Síntomas asociados a la deficiencia

La deficiencia franca y sostenida sí tiene consecuencias conocidas —raquitismo en la infancia, osteomalacia en adultos— y puede acompañarse de:

  • Dolores musculares u óseos difusos, a veces mal etiquetados como "contracturas".
  • Debilidad muscular, sobre todo proximal (costar levantarse de una silla, subir escaleras).
  • Cansancio y falta de energía persistente.
  • Ánimo bajo, sobre todo en meses de menor exposición solar.

Conviene ser honestos con el alcance de esta lista: son síntomas inespecíficos, compartidos con muchos otros cuadros —entre ellos la fatiga crónica, la anemia y el hipotiroidismo—. Que alguien tenga cansancio y vitamina D baja no prueba que una cosa explique la otra, y atribuirle el síntoma a la vitamina D sin descartar el resto es una forma frecuente de perder tiempo.

Cómo se mide, y cuándo tiene sentido pedirlo

El estudio de referencia sigue siendo la 25-hidroxivitamina D (25-OH-D) en sangre, que refleja las reservas corporales totales. No se pide la forma activa (1,25-dihidroxivitamina D) para evaluar depósito, salvo situaciones clínicas puntuales.

La pregunta que cambió no es cómo medir sino a quién. Pedirla en un chequeo de rutina, a una persona sana y sin factores de riesgo, es lo que la guía de 2024 desaconseja — y es también lo que se observa en la práctica local: un estudio del Hospital Alemán de Buenos Aires encontró que la mayoría de los dosajes se solicitaban en pacientes asintomáticos sin antecedentes que lo justificaran, aislados del resto del metabolismo fosfocálcico, y que con los cortes del laboratorio el 43% quedaba clasificado como "insuficiente" (Lavena Marzio et al., 2025).

Distinto es el escenario en el que hay una razón clínica concreta para mirarla:

  • Osteoporosis, fracturas por fragilidad u otra enfermedad ósea metabólica.
  • Malabsorción de grasas: enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, cirugía bariátrica, insuficiencia pancreática.
  • Enfermedad renal o hepática crónica, hiperparatiroidismo, alteraciones del calcio.
  • Medicación que altera el metabolismo de la vitamina D (anticonvulsivantes, glucocorticoides, algunos antirretrovirales y antifúngicos).
  • Síntomas musculoesqueléticos que hacen sospechar osteomalacia.
  • Seguimiento de alguien que ya está recibiendo dosis de reposición.

Ahí la medición no es un "por las dudas": responde a una pregunta concreta y su resultado cambia una conducta. Fuera de esos casos, hay factores que aumentan el riesgo de niveles bajos —poca exposición solar, piel más oscura, edad avanzada, obesidad, cuadros digestivos que afectan la absorción de grasas— pero, según la guía de 2024, tenerlos no alcanza por sí solo para justificar el testeo de rutina.

Vitamina D e infecciones respiratorias: qué dice la evidencia

Es uno de los efectos extraóseos más estudiados y también uno de los más exagerados. Un metaanálisis de 2017 con datos individuales de 25 ensayos encontró un efecto protector (Martineau et al., 2017). La actualización de 2021, con 46 ensayos y más de 75.000 participantes, confirmó el efecto pero mucho más chico —una reducción del orden del 8% en la probabilidad de tener al menos una infección respiratoria— y, a diferencia del análisis previo, no encontró que el beneficio dependiera del nivel de partida de vitamina D (Jolliffe et al., 2021). Es un efecto real y pequeño, no una estrategia para no resfriarse.

Suplementar: por qué no conviene hacerlo "a ojo"

La vitamina D es liposoluble: se acumula en el tejido graso y, en dosis muy altas y sostenidas, puede generar toxicidad con elevación del calcio en sangre (hipercalcemia). Esto no ocurre con las dosis habituales de reposición, pero sí es un riesgo real con megadosis sin control médico ni de laboratorio. La guía de 2024 agrega un detalle práctico: en personas mayores de 50 años con indicación de suplementar, sugiere dosis diarias antes que megadosis espaciadas (semanales o mensuales).

El criterio en consulta, entonces, es más específico que "medir siempre" o "no medir nunca": si hay una indicación clínica, se mide, se repone según el punto de partida y se vuelve a controlar; si no la hay, en la mayoría de los adultos sanos alcanza con cubrir la ingesta recomendada y trabajar la exposición solar razonable, sin convertir un número de laboratorio en un problema.

Referencias

  1. Demay, M. B. et al. (2024). Vitamin D for the Prevention of Disease: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 109(8), 1907-1947. Reemplaza a la guía de 2011. DOI
  2. Endocrine Society. Vitamin D for the Prevention of Disease — resumen de la guía clínica de 2024. Guía
  3. Holick, M. F. et al. (2011). Evaluation, treatment, and prevention of vitamin D deficiency: an Endocrine Society clinical practice guideline. JCEM, 96(7), 1911-1930. Guía histórica, reemplazada en 2024; se cita para explicar de dónde vienen los puntos de corte de 20 y 30 ng/mL. DOI
  4. Jolliffe, D. A. et al. (2021). Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory infections: a systematic review and meta-analysis of aggregate data from randomised controlled trials. Lancet Diabetes & Endocrinology, 9(5), 276-292. DOI
  5. Martineau, A. R. et al. (2017). Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data. BMJ, 356, i6583. DOI
  6. Holick, M. F. (2007). Vitamin D deficiency. New England Journal of Medicine, 357(3), 266-281. DOI
  7. Lavena Marzio, M. A. et al. (2025). Valores normales de vitamina D en la población del área de influencia del Hospital Alemán de la Ciudad de Buenos Aires. Revista Argentina de Medicina, 13(1), 32-37. DOI
  8. Servicio de Nutrición y Unidad de Soporte Nutricional, Hospital Universitario Austral (2025). Vitamina D explicada paso a paso. Fuente

Este contenido tiene fines educativos y no reemplaza la consulta médica. Si el cansancio persistente es tu principal síntoma, conocé cómo se aborda la fatiga crónica o consultá con la Dra. Sidders.